Por Patrick Johnson, Especialista en Desarrollo de Servicios Educativos, de la División de Soluciones Laborales de United Behavioral Health. © UBH. Todos los derechos reservados. Última Revisión: Enero de 2006
Recuerdo vívidamente cuando estaba en mis clases de gimnasia del séptimo grado y sentí la urgente y abrumadora necesidad de quebrarme y llorar sin motivo aparente. Solo el pensamiento de hacerlo me hacía sentir inadaptado. Habiendo crecido en una familia sólo de hombres, me enseñaron que nunca debía mostrar mis emociones. Esa era la manera en que los hombres se comportaban. ¿Tristeza? ¡Ufff! ¿Llorar en público? Ni pensarlo.
En ese momento no lo sabía, pero mi camino hacia la depresión estaba comenzando durante aquellos días en el séptimo grado. No fue sino hasta el último año de universidad que comprendí que sufría de depresión. Después de años de esconder mis sentimientos y llorar en el baño a puertas cerradas, ahora me doy cuenta que mi tristeza no era mi culpa.
Aceptar que la depresión es una enfermedad y aprender a no verla como un estigma, ha sido un camino largo y difícil, en el que aún estoy. Aunque algunas veces es muy difícil, el apoyo familiar, la orientación y los medicamentos adecuados ahora me ayudan a controlar mis episodios de depresión. En la actualidad, llevo una vida normal y experimento todos los altibajos emocionales habituales sin caer al fondo.
Los investigadores han concluido que más del 5% de los estadounidenses, aproximadamente 15 millones de personas, sufren de depresión clínica. Una de cada seis personas experimenta un episodio de depresión grave en algún momento en su vida. En los círculos de salud mental, se refieren a la depresión como "el resfrío común de la salud mental". Es una enfermedad generalizada que más y más médicos están comenzando a reconocer.
Winston Churchill solía referirse a la depresión como su “perro negro”. Se ha escrito que a menudo Churchill decía haber escuchado el ladrido del perro negro, pero lo sobrellevaba manteniendo al “animal encerrado". Cuando uno lo piensa, su metáfora era buena. Los perros se pueden dominar, incluso si algunas veces huyen de su amo o muerden la mano que los alimenta.
Y Churchill no estaba solo. Muchas otras personas notables han enfrentado la depresión. Entre ellos el presidente Abraham Lincoln, el escritor Joseph Conrad, el comediante Rodney Dangerfield y el periodista de "60 Minutos", Mike Wallace.
La primera vez que fui referido a un orientador después de sufrir un período de depresión, mi reacción inicial fue la negación. Sentía que si admitía que estaba triste sin motivo, me verían como un psicópata o incluso como el equivalente de séptimo grado, “un bicho raro”. Seguí la formalidad de enfrentar la enfermedad y asistí a sesiones de terapia, pero me resistí a recibir la ayuda que me ofrecían. Mi depresión siguió empeorando.
Pronto, no dormía ni comía regularmente y yo mismo me aislaba de mi familia y mis amigos. Los síntomas de la depresión tomaban el control de mi vida. No tenía confianza y era incapaz de enfocar mi energía. Nada de lo que hiciera parecía ser lo suficientemente bueno y sentía un malestar estomacal cada vez que salía de casa. Mis sesiones en el baño, llorando en una toalla, se hacían cada vez más frecuentes. Después de más de ocho años ignorando los efectos de la depresión en mi vida, finalmente algo cedió.
Era mi último año de universidad. Yo era el editor del diario de los estudiantes y planificaba una carrera como periodista. Había decidido rediseñar completamente el diario. Tenía que ser el mejor y más grande en la historia de la escuela. Irónicamente, aunque mi situación era muy destacada, estaba a punto de tocar fondo.
A medida que se aproximaban los plazos para terminar el diario, me di cuenta que había varias secciones que tenían imprecisiones y páginas de noticias incompletas. Comencé a sentirme más desesperanzado que nunca y repentinamente salieron las lágrimas. Esta vez no pude esconder ni detener la fuerza de la emoción. Después de dos horas de sollozar, me fui a casa avergonzado.
Tan avergonzado como estaba en ese momento, más tarde descubrí que yo era uno de los afortunados. Las tristes estadísticas dicen que cada año miles de personas deprimidas intentan suicidarse y que 16,000 de ellos lo logran. En la actualidad, el suicidio es la causa principal de muerte entre adolescentes y adultos jóvenes, y se sospecha que la depresión juega un papel en muchos de estos suicidios.
Existe el mito de que las personas que sufren de depresión no pueden funcionar, que están tan angustiadas que no pueden salir de casa. En realidad, cerca de tres cuartos de las personas que sufren de depresión son capaces de mantener sus trabajos y llevar vidas bastante normales. Muchos de ellos toman medicamentos y ven a un terapeuta regularmente y también algunos recurren a otros tipos de tratamiento, tales como la aromaterapia o acupuntura. Vivir con depresión crónica es posible, si usted se da cuenta que tiene un problema y pide la ayuda adecuada.
Afortunadamente, mi intento de ignorar mi condición no tuvo resultados trágicos. Finalmente, estaba listo para abordar un tratamiento abiertamente y con determinación. Aprendí que aunque los tratamientos para la depresión son difíciles, evitar los problemas causados por esta condición origina incluso más problemas.
Por lo tanto, ¿cómo se puede saber que usted o uno de sus seres queridos sufre de depresión crónica? Existen varias señales de advertencia que le pueden ayudar a identificar a una persona que puede necesitar ayuda.
Al intentar esconder sus sentimientos, aquellos que sufren de depresión con frecuencia experimentan confusión emocional. Esto puede producir cambios de estado de ánimo drásticos, pasando de la felicidad a la ira en cuestión de segundos. Tenga presente que la depresión puede tener como consecuencia una montaña rusa de emociones y producir cambios extremos en el estado de ánimo.
Un aumento o pérdida de peso drásticos pueden ser otra señal de advertencia de que una persona sufre de depresión crónica. Las personas con depresión con frecuencia desarrollan hábitos alimenticios drásticamente diferentes y pueden comenzar a comer mucho menos o mucho más. Esté atento a conductas inusuales en la mesa o cambios importantes de peso.
Muchas formas de depresión crónica son causadas por un desequilibrio químico en el cerebro. Esta sustancia química, la serotonina, también nos ayuda a dormir. Este atento a las señales de que usted o su ser querido tienen dificultad para dormir. Los problemas de insomnio se pueden deber a otras condiciones, pero con frecuencia se relacionan con la depresión.
Las personas con depresión comúnmente muestran señales que indican que no les importa cómo resulten las cosas o que esperan lo peor. Preste atención a afirmaciones como “No importa, de todas maneras es inútil.” o “Por qué molestarse, no voy a estar aquí tanto tiempo para aprovecharlo.” Esté alerta a los cambios significativos en los niveles de rendimiento y compromiso que muestran las personas, pueden ser señales de que tienen depresión crónica.
A principios de los años 90, investigadores suizos entrevistaron a 185 personas de la tercera edad en el área de Estocolmo. Mediante el uso de medidas estandarizadas, clasificaron el bienestar psicológico de estas personas. Transcurridos tres años, al hacer una evaluación de control de los sujetos del estudio, los investigadores descubrieron que a 10 de ellos se les diagnosticó depresión grave. Al buscar las señales en la primera ronda de exámenes, los investigadores descubrieron que 10 de ellos sólo mostraban leves diferencias en sus hábitos alimenticios, sentimientos de tristeza y niveles de interés en la vida que las demás personas encuestadas. ¿Qué significa esto? Los investigadores concluyeron que la depresión crónica no se produce de la noche a la mañana. Literalmente puede tomar años para que una depresión se desarrolle completamente.
Me tomó más de 10 años experimentar todos los síntomas de la depresión, y debido a mi actitud hacia los trastornos emocionales, no busqué ayuda hasta que no pude seguir funcionando. Enfrentar mi problema y buscar ayuda ha sido una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida. Y el hecho de ser hombre fue otra barrera que tuve que enfrentar para hacerlo. Un estudio reciente reveló que cuatro veces más mujeres que hombres buscan tratamiento para su depresión. Debido al tipo de familia o presión social que mencioné antes, muchos hombres ignoran sus sentimientos de tristeza y siguen adelante, desarrollando a menudo otros riesgos físicos y psicológicos más graves.
Los investigadores también han descubierto que la depresión crónica tiene su origen en la genética. La depresión es hereditaria. Al investigar un poco, hice un descubrimiento asombroso; varios de mis ancestros, incluidas mi abuela y bisabuela, fueron internadas en una institución con depresión. Era algo de lo que en nuestra familia nunca se hablaba. Había heredado un oscuro secreto familiar y la depresión.
Con los medicamentos adecuados, se pueden controlar los síntomas de la depresión y es posible llevar una vida normal. Muchos médicos comparan este tratamiento con la insulina que toman los diabéticos para ayudar a sus cuerpos con la ingesta de azúcar. Esta analogía me ayudó enormemente a sobrellevar el estigma de la depresión. Los problemas físicos como la diabetes son causados por el mismo tipo de malfuncionamiento corporal que los problemas psicológicos como la depresión. Mi cerebro no produce las sustancias químicas suficientes que necesito para mantener mis emociones bajo control. Sin estas sustancias químicas, no duermo, como más de lo necesario y me deprimo. Como el paciente renal que debe someterse a diálisis, yo también tengo que ayudar a mi cuerpo tomando medicamentos.
Aceptar que se sufre de depresión crónica no es fácil. Preguntarse si debe contarle a las personas acerca de su enfermedad o qué pensarán si lo hace, puede ser una de las partes más difíciles de sobrellevar. Estoy feliz de decir que con la ayuda de familiares y amigos, y con un tratamiento eficaz, puedo controlar la depresión. La clave para hacerlo es la aceptación y la búsqueda de ayuda. Créame, la depresión no es algo que pueda sobrellevar solo. Sé que pasé diez largos años perseguido por mi “perro negro”.